La mejor crianza eres TÚ

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La educación de los menores es un tema que por suerte interesa cada vez más. Proliferan todo tipo de cursos, libros y seminarios de una u otra corriente para que nos enseñen, nos den luz en este difícil camino de la crianza.

Queremos aprender a cómo hacerlo “bien” para que nuestro peque no termine siendo un “consentido”, un “nini”, un adolescente demasiado sumiso con el grupo de iguales pero lo suficientemente obediente con su padre y su madre, y un largo etcetera… un largo etcétera de miedos.

Al fin y al cabo todo esto es poner la vista en el futuro, y si algo he aprendido en este tiempo como terapeuta y como persona es que cuando miro demasiado hacia adelante, pierdo de vista lo que realmente tengo delante, el presente.

Habrá mil técnicas, más conductuales, más respetuosas, más permisivas… pero al fin y al cabo somos animales y somos sociales, y nos guste o no, los niños y niñas aprenden por imitación, SI. Es la mayor fuente de conocimiento y aprendizaje que tienen, sus cuidadores.

Por ello si quieres que tu peque coma bien, come bien; si quieres que respete, respétale y respeta; si quieres que no grite, no le grites (sirve igual para pegar); quieres que sepa manejar bien los conflictos, echa un vistazo a cómo la pareja resuelve los conflictos en el hogar; no quieres que fume ni que beba, puedes ir pensando en cumplir por fin esos propósitos; y podríamos seguir así con un sinfín de conductas y actitudes.

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Esto nos asegura que el niño o la niña en cuestión vaya a salir a “imagen y semejanza nuestra”? Por suerte no… Porque es un ser diferente, con su propio carácter, gustos, temperamento… pero sí es seguro que todo esto tendrá mucho más efecto sobre el menor que cualquier otra técnica que intentes emplear… porque su referente de cómo relacionarse en el mundo (aunque asuste) eres tú. Claro! Es mucho más difícil. Esto requiere un trabajo personal grande. Por dónde empezar?

Atrévete a verte y analizarte. No mires para otro lado. Analiza cómo eres, cómo hablas y tratas a los demás. Como es tu relación de pareja (si es que la hay), como hablas y tratas a tu hijo o a tu hija.

Permítete aprender y date tiempo. Al igual que le ocurrirá a tu peque, no vas a aprender de un día para otro. Seguirás cayendo en los mismos errores algunas veces, y seguirás aprendiendo toda la vida… esto te ayudará a ser más paciente con tu hij@ y darte cuenta de que para ellos tampoco es fácil responder siempre a todos nuestros requerimientos.

Confía en ti. Si es algo que de verdad no te está haciendo bien, al final conseguirás disfrutar de otra manera nueva de hacer y sentir

Huye de los consejos ajenos. (Incluso de estos que yo te estoy dando!) Hagas lo que hagas en la crianza siempre habrá detractores, así que confía en tu manera de hacerlo y en lo que tu instinto y tu corazón te dicen que hagas.

Analiza tus miedos. A veces es el miedo el que nos guía y nos mueve y podemos meternos en terreno pantanoso… Si vas conociendo tus miedos, al reconocerlos podrás hacerles frente o al menos saber que no es tu instinto el que te mueve… sino el miedo. Entonces para, espera, pasará.

Dicho esto, voy a disfrutar de este lunes lluvioso y aplicarme a mí misma todo esto. Pues como os digo es un camino constante, en el que por suerte nunca dejas de aprender.

Buen día a tod@s! Gracias por dedicarme un ratito de vuestro tiempo, y si os ha gustado me encantará que lo compartáis.

**Imagen extraída de http://laagresividadensa.blogspot.com.es/

Cómo crecer con la maternidad

Después de este tiempo como madre haciendo malabares para sobrevivir, he tenido que parar y profundizar. Poner conciencia a lo que estaba pasando. He aprendido algunas cosas que me hancrecer-2 ayudado a crecer y que considero imprescindibles para vivir la maternidad con salud y bienestar.

La maternidad puede llevarnos al limite de nosotras mismas… además ese límite lo vivimos muchas veces en soledad. He vivido momentos muy duros hasta el momento. Todo lo difícil que me trae la vida, es una oportunidad para crecer, de aquí nace este post.

Consejos para que la maternidad sume y no reste:crecer-1

  1. No te creas omnipotente. No lo eres. Física, emocional y cósmicamente es imposible. Sólo conseguirás frustrarte por intentar poder con todo y darte cuenta de que no puedes.
  2. Pide ayuda. Esto viene a raíz de lo anterior. Porque no puedes con todo tú sola; porque tu entorno necesita saber en qué apoyarte, cómo y cuándo (esto solo es posible si PIDES); porque apoyarse en otras personas es vital para tu salud en muchos momentos durante la crianza; porque cuando lo haces, todo es más fácil.
  3. Objetivos pequeños y realistas. Un ejemplo: si es la primera vez que te quedas sola con el bebé, no esperes ir a la compra, leer esos artículos que tenías guardados, darte una ducha relajante o hacer la comida… Será muy difícil hacer nada de esto, te irás frustrando al ver que no consigues hacer lo que querías, esa frustración se convertirá en tristeza o enfado y cuando el bebé te reclame tendrás mucha menos energía para él o ella. Por esto, ten en cuenta tus posibilidades y no intentes llegar más lejos. Lo que consigas de más, considéralo un regalo del día! Además así disfrutarás mucho más del tiempo que pases con tu bebé.
  4. Escucha al bebé. El llanto es su lenguaje. No te está manipulando, no te toma la medida. Se expresa. Cuando he tratado de calmar a J. desde mi angustia por su llanto, ha sido siempre muy difícil (casi imposible). Lo que más me ha ayudado ante su llanto es tratar de escuchar qué es lo que le incomoda y desde ahí intentar ayudarle.
  5. Permítete el “no saber”. Continuando con lo anterior. Cuando aún escuchándole no sé qué le pasa, y nada de lo que hago funciona me repito este mantra mientras le acuno y acompaño en el llanto: “Esto es todo lo que puedo hacer en este momento; y además es mucho” (gracias Gema por guiarme hasta ese lugar). Prueba a ver si te sirve a tí este mantra, o busca algo que te recuerde que a veces no puedes hacer más que estar y acompañar (y que eso es mucho!)
  6. Date caprichos. Sobre todo los días más difíciles. Esas pequeñas cosas que puedes permitirte y que te alegran el momento, cada una tenemos las nuestras… yo en mi caso tiendo a pequeños placeres culinarios 😉
  7. Delega. Porque es bueno para ti no querer hacerte cargo de todo. Porque hay que aprender a soltar poco a poco. Porque es necesario y liberador confiar en otras personas.
  8. Respira… no te olvides de respirar.
  9. Conecta con tu bebé. Mírale a los ojos, siente ese profundo amor que te invade cada vez que conectáis. A veces los momentos difíciles hacen que nos desconectemos y desde ahí todo es más complicado. Si te ocurre: para, mírale de nuevo, y conecta con él o ella.
  10. Y lo más importante cuídate. Para de vez en cuando (sobre todo cuando sientes que estás llegando al límite) y mira a ver cómo estas, cómo está tu cuerpo,
    cómo te sientes. Intenta chequear qué necesitas en ese momento para estar mejor y si es posible hazlo. Si no lo es en ese momento, en cuanto te sea posible.

    Recuerda que para cuidar, te tienes que cuidar.

Desde ahí yo he podido disfrutar de mi maternidad, te invito a intentarlo. Confía en ti, en tu instinto, en lo que te dice el corazón y no la cabeza. Lo estás haciendo fenomenal!

Cuando eres mamá y tu madre no está (historia de un duelo)

Si este proyecto va de transparentarme, esto no podía faltar. Perdí a mi madre hace cuatro años. Cuatro años en los que (entre otras muchísimas cosas que no puedo pararme a contar hoy):

Me he enamorado: de un hombre que no ha podido conocer. Y al que hablo de ella todo lo que mis tripas y entrañas me dejan, para que de algún modo pueda saber quién era ella. Toñi para muchas personas, “La Antonia” (para otras) que la hace más grande, algo así como “La Jurado”… como a ella le habría gustado, porque si algo le gustaba era quererse y gustarse (o eso al menos intentaba con toda su alma y corazón, seguramente por no haberse sentido lo suficientemente querida cuando era una niña)

img_3554Me he embarazado. Ya en el momento de saber que estaba embarazada, una parte de mí se rompía al no poder contárselo… Mil preguntas empezaron a surgirme y empecé a sentir un dolor latente cuando pensaba que esas sensaciones las había tenido mi madre conmigo. Ahora que me siento más cerca de ti que nunca mamá, ya no estás. Y me sigue recorriendo un escalofrío al nombrar estas palabras. Una realidad muy dolorosa durante el embarazo, porque aunque estaba feliz y llena de amor para mi bebé, empezaba a entender lo que de verdad une emocional y espiritualmente el cordón umbilical… Cuanto más unida me sentía a mi bebé, cuanto más conexión sentía con él, más dolor de entender que no podría decírselo así a ella. Y entonces quería saber mucho sobre como fue el embarazo de mi madre, y mi padre que es un santo y un grandísimo padre me ayudó enormemente porque recordaba mucho más de lo que yo imaginaba y porque pudo contestar las preguntas que me atreví a hacerle.

Y como ya sabéis he tenido un hijo y he sido madre. Y lo diferencio porque para mí son dos sensaciones diferentes en cuanto al duelo. He tenido un hijo… Un hijo que no va a conocer, que no va a coger en brazos, que no va a mimar, a malcriar, a abrazar… Ese es mi dolor de haber tenido un hijo habiendo perdido a mi madre. Tener un hijo que no va a poder conocer a su abuela. Y de eso se un poco porque no conocí a mi abuelo. Ahora entiendo todas sus fotos en casa, y las historias que ella me contaba, entiendo que ella trataba que conociera a mi abuelo aunque ya no estuviera con nosotras. Y de nuevo vuelvo a mi infancia, y muchas veces al coger a mi hijo en brazos, al acunarle, al calmarle o al secar sus lágrimas, viene a mí una extraña sensación de cómo un día, hace poco más de treinta años, mi madre estaba haciendo lo mismo conmigo.

Y he sido madre, se ha roto algo dentro de mí, he entrado en un estado de hipersensibilidad con mi hijo y con la vida. Un estado que me ayuda a criar a J., pero que me impide muchas veces saber relacionarme con el mundo. Y me han surgido una y mil dudas sobre crianza que no he podido preguntarle a ella. Doy gracias por la gente cercana que tengo y que me ha ayudado enormemente (mi hermana, mis amigas, mi suegra, mi padre), pero una madre es una madre… eso estoy aprendiendo ahora, y mi madre no está aquí ahora… Es un dolor que me va a acompañar siempre, un vacío que me deja helada y embotada… y que solo puedo atravesar, porque intentar huir de él no me sirvió ni me va a servir, solo escondería algo que llevo dentro.

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Esto sobre el dolor… y, ¿Ahora qué? … Ahora: Seguir viviendo, si algo he aprendido en estos cuatro años de duelo es que la vida son dos días, que la muerte es una realidad (muy silenciada en nuestra sociedad) y que cuando me llegue ese día quiero haber vivido bien, vivido con sentido, y vivido a mi manera. Que quiero transmitirle a mi hijo estas ganas tan grandes de vivir. Que le voy a hablar de su abuela tal y como mi madre me habló del mío, y a su manera la conocerá, claro que lo hará. Que le voy a seguir hablando a mi madre, aunque ya no pueda verla, aunque ya no tenga respuesta, pero me alivia seguir contándole, enseñándole el hijo que he tenido y que estoy criando, y enseñándole como soy ahora y todo lo que estoy aprendiendo.

He escrito estas líneas con la tripa encogida y los ojos llenos de lágrimas, me cuesta y me alegra compartir. Me cuesta porque no suelo hablar de mi dolor y porque compartirlas aquí es una exposición muy grande. Y me alegra en primer lugar porque para mí compartir es sanador. Y más allá de lo que sea para mí, compartir es sanador, si estás atravesando un duelo y lo haces en soledad, te sugiero que pruebes a compartirlo, a sacarlo hacia afuera, a dejarte consolar. Esa es la otra alegría de haber escrito esta entrada, si hay alguien que esté atravesando un duelo y de algo le haya servido leer estas palabras, ya tendrá sentido para mí.

 

“Una madre se defiende rociando un chorro de leche”

Tuve que leer dos veces el titular de esta noticia antes de confirmar que era cierto, una mamá lanzó leche a la persona que le recriminó amamantar a su bebé en un lugar público. La mujer rociada, escandalizada por tal reacción, no dudó en denunciarlo en las redes y su sorpresa y segundo disgusto fue sufrir un sinfín de críticas en lugar de ser apoyada.

Puede que no sea la reacción más asertiva (la de la mamá rociadora) pero tengo que reconocer que mi parte rebelde se alegró al ver cómo esta madre defiende su derecho a alimentar a su bebé dónde y cuando lo necesite (tal y como recomienda la OMS)

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¿Qué pudo llevar a esta madre a reaccionar de esta manera? Puede que viera el vídeo de Pilar Martínez y aprovechó para poner en práctica una de sus ideas, o igual simplemente estaba cansada de recibir críticas y/o comentarios sobre la crianza de su bebé.

Y es que algo que me está sorprendiendo enormemente como “new mom” es precisamente esto, cómo cualquier persona que se cruza conmigo por la calle se toma la libertad de opinar sobre si J. va con mucha ropa o poca ropa, o mal peinado o muy repeinado, o mal por ir en brazos o mal por ir en carro… Y es que cuando se trata de crianza mucha gente va a opinar, queramos o no, les conozcamos o no.

Las primeras semanas, cuando aún estaba recuperándome emocionalmente del shock de la maternidad, creo que no hacía falta decir nada, mi mirada lo debía decir todo (lo imagino cómo una especie de lanzallamas a través de los ojos). Después de eso pasé por una etapa en la que trataba de explicar los motivos que me llevaban a haberle vestido así, o a no haberle vestido, o a darle el pecho (“porque seguro que lo que tiene es gases”) o a portearle (“porque seguro que lo que tiene es hambre”)… Pero me di cuenta de que J. requería mucha energía por mi parte y no podía permitirme el lujo de emplear la poca que me quedaba en justificar lo que hacía con él.

Así que ahora contesto lo primero que me viene a la cabeza según mi estado de ánimo sin dedicarle mucha más energía… Con todo esto, me queda algo que no puedo pasar por alto ¿Por qué me afecta lo que otros piensen sobre el tipo de crianza que he escogido? ¿Por qué me duele o me importa lo que otros piensen de mí?… Demasiado para el primer post, prometo retomarlo en la categoría de Terapia.

Y tú, ¿Qué haces cuando te hablan sobre la crianza que has escogido? No dudes en comentar cómo es o ha sido tu experiencia con esto. Y como siempre gracias por dedicarme tu tiempo, si te ha gustado ya sabes que puedes compartir, darle a “Me gusta” o al menos pensarlo hacia tus adentros ;).