Estas vacaciones no comparto mis fotos con nadie

(Este post lo escribí en Semana Santa y no llegué a publicarlo. Creo que ahora es el momento perfecto para retomarlo)

Estas vacaciones no comparto mis fotos con nadie. Al menos no en las redes sociales. Entro en Facebook o en Instagram y recibo tal aluvión de información personal, que a veces me abruma. Playas, montañas, menores, mayores, besos, abrazos, saltos, poses, paisajes, sonrisas… todo retratado, todo compartido.

Intento no juzgarlo, y parar a reflexionar sobre esto.

Yo también suelo colgar alguna foto de las vacaciones, un paisaje bonito, una foto que refleje algo del viaje. Sin embargo, me empieza a disgustar que esto sea la costumbre en vez de la excepción. ¿Dónde queda mi intimidad?! ¿Dónde queda mi privacidad? Esos momentos que son sólo nuestros y que son bonitos por ello.

La verdad es que me ha gustado no compartir. Quedarme estos momentos para mí. Estas fotos que hago las hago para mí, no para nadie más. Entro en Facebook y me faltan notificaciones, no hay “Me gusta”, no hay “xxxx ha reaccionado a una Foto”. Y no pasa nada…. (no?)

Iba paseando por la playa y observé un grupo de chavalxs haciéndose fotos, debatiendo si se ponían en línea o en fila, y si quedaba mejor con la cabeza hacia la izquierda o la derecha… continúo paseando y veo dos mujeres posando ante otro móvil, bien estiradas y con una sonrisa de oreja a oreja… de nuevo miro a mi alrededor y me abruma ver tanta gente haciéndose fotos e imaginar que todas esas fotos están pensadas y hechas para compartirse y no para guardarlas como recuerdo para ellxs mismxs.

Con esta reflexión me viene también la duda de… ¿Qué quiero mostrar? En las RRSS solo veo felicidad, sonrisas y magia. ¿Qué pasa con las discusiones familiares? ¿La tensión que surge en ocasiones en el viaje? ¿La tarde perdida en este lugar que al final no era lo que prometía? Parece que tenemos que mostrar al exterior una vida feliz, dichosa y perfecta. Que los demás no vean lo aburrido, lo feo, lo imperfecto, lo superfluo. Construir una realidad bonita, visible y perfecta. Pero… ¿para qué? Realmente aporta algo de bienestar en la vida? Realmente pienso que no.

Te invito a que aproveches este post,  y las preguntas que he lanzado te las puedas hacer a ti mismx:

¿Dónde queda tu intimidad? ¿Tu privacidad? ¿Qué quieres mostrar? ¿Qué necesidad tienes de exponer tu vida privada? 

No sé si te llevará a algún lugar. A mí sin duda me ha resultado interesante y gratificante parar. Nos adentramos a pasos agigantados a una nueva realidad, la digitalización y las redes sociales tienen una presencia mayor que los telediarios, que el cine, que los paseos, la soledad o  los ratos en familia. Antes de continuar adentrándonos en esta nueva realidad, pensemos cómo queremos hacerlo, dónde están nuestros límites y dónde dejamos nuestra libertad.

***Imagen: https://es.vexels.com/vectores/vista-previa/74690/en-blanco-polaroid-de-la-foto-hanging

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