Cuando eres mamá y tu madre no está (historia de un duelo)

Si este proyecto va de transparentarme, esto no podía faltar. Perdí a mi madre hace cuatro años. Cuatro años en los que (entre otras muchísimas cosas que no puedo pararme a contar hoy):

Me he enamorado: de un hombre que no ha podido conocer. Y al que hablo de ella todo lo que mis tripas y entrañas me dejan, para que de algún modo pueda saber quién era ella. Toñi para muchas personas, “La Antonia” (para otras) que la hace más grande, algo así como “La Jurado”… como a ella le habría gustado, porque si algo le gustaba era quererse y gustarse (o eso al menos intentaba con toda su alma y corazón, seguramente por no haberse sentido lo suficientemente querida cuando era una niña)

img_3554Me he embarazado. Ya en el momento de saber que estaba embarazada, una parte de mí se rompía al no poder contárselo… Mil preguntas empezaron a surgirme y empecé a sentir un dolor latente cuando pensaba que esas sensaciones las había tenido mi madre conmigo. Ahora que me siento más cerca de ti que nunca mamá, ya no estás. Y me sigue recorriendo un escalofrío al nombrar estas palabras. Una realidad muy dolorosa durante el embarazo, porque aunque estaba feliz y llena de amor para mi bebé, empezaba a entender lo que de verdad une emocional y espiritualmente el cordón umbilical… Cuanto más unida me sentía a mi bebé, cuanto más conexión sentía con él, más dolor de entender que no podría decírselo así a ella. Y entonces quería saber mucho sobre como fue el embarazo de mi madre, y mi padre que es un santo y un grandísimo padre me ayudó enormemente porque recordaba mucho más de lo que yo imaginaba y porque pudo contestar las preguntas que me atreví a hacerle.

Y como ya sabéis he tenido un hijo y he sido madre. Y lo diferencio porque para mí son dos sensaciones diferentes en cuanto al duelo. He tenido un hijo… Un hijo que no va a conocer, que no va a coger en brazos, que no va a mimar, a malcriar, a abrazar… Ese es mi dolor de haber tenido un hijo habiendo perdido a mi madre. Tener un hijo que no va a poder conocer a su abuela. Y de eso se un poco porque no conocí a mi abuelo. Ahora entiendo todas sus fotos en casa, y las historias que ella me contaba, entiendo que ella trataba que conociera a mi abuelo aunque ya no estuviera con nosotras. Y de nuevo vuelvo a mi infancia, y muchas veces al coger a mi hijo en brazos, al acunarle, al calmarle o al secar sus lágrimas, viene a mí una extraña sensación de cómo un día, hace poco más de treinta años, mi madre estaba haciendo lo mismo conmigo.

Y he sido madre, se ha roto algo dentro de mí, he entrado en un estado de hipersensibilidad con mi hijo y con la vida. Un estado que me ayuda a criar a J., pero que me impide muchas veces saber relacionarme con el mundo. Y me han surgido una y mil dudas sobre crianza que no he podido preguntarle a ella. Doy gracias por la gente cercana que tengo y que me ha ayudado enormemente (mi hermana, mis amigas, mi suegra, mi padre), pero una madre es una madre… eso estoy aprendiendo ahora, y mi madre no está aquí ahora… Es un dolor que me va a acompañar siempre, un vacío que me deja helada y embotada… y que solo puedo atravesar, porque intentar huir de él no me sirvió ni me va a servir, solo escondería algo que llevo dentro.

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Esto sobre el dolor… y, ¿Ahora qué? … Ahora: Seguir viviendo, si algo he aprendido en estos cuatro años de duelo es que la vida son dos días, que la muerte es una realidad (muy silenciada en nuestra sociedad) y que cuando me llegue ese día quiero haber vivido bien, vivido con sentido, y vivido a mi manera. Que quiero transmitirle a mi hijo estas ganas tan grandes de vivir. Que le voy a hablar de su abuela tal y como mi madre me habló del mío, y a su manera la conocerá, claro que lo hará. Que le voy a seguir hablando a mi madre, aunque ya no pueda verla, aunque ya no tenga respuesta, pero me alivia seguir contándole, enseñándole el hijo que he tenido y que estoy criando, y enseñándole como soy ahora y todo lo que estoy aprendiendo.

He escrito estas líneas con la tripa encogida y los ojos llenos de lágrimas, me cuesta y me alegra compartir. Me cuesta porque no suelo hablar de mi dolor y porque compartirlas aquí es una exposición muy grande. Y me alegra en primer lugar porque para mí compartir es sanador. Y más allá de lo que sea para mí, compartir es sanador, si estás atravesando un duelo y lo haces en soledad, te sugiero que pruebes a compartirlo, a sacarlo hacia afuera, a dejarte consolar. Esa es la otra alegría de haber escrito esta entrada, si hay alguien que esté atravesando un duelo y de algo le haya servido leer estas palabras, ya tendrá sentido para mí.

 

2 comentarios en “Cuando eres mamá y tu madre no está (historia de un duelo)

  1. Gracias por compartirte.. Leerte me ha despertado una profunda emoción y quieria decirte: valiente. Valiente de atravesar el dolor y Vivir.
    Enhorabuena mamá

    Me gusta

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